Festividad de Sant Jordi

Sant Jordi, patrón de Catalunya, es un personaje a caballo entre la realidad y la leyenda.

La tradición dice que fue un mártir cristiano que había nacido en la Capadocia entre los años 275 y 280, hijo de una familia de la nobleza rural y que murió el 23 de abril de 303 posiblemente en Palestina.

A Sant Jordi se le han atribuido hechos legendarios como el de la liberación de la princesa de las garras del dragón en la villa de Montblanc.

El culto a Sant Jordi (Jordi significa campesino, en griego) se extendió rápidamente por todo Oriente y se fijó la fecha de celebración el 23 de abril. El hecho de que la fecha ocurriera en primavera y el significado de su nombre, hizo que Sant Jordi fuera el protector de las cosechas.

En Catalunya se remonta su culto al siglo X. En el año 1022, el abad Oliva erigió un altar en Ripoll en honor suyo.

La extensión del culto a Sant Jordi por toda Europa se produjo a partir del siglo XI con las Cruzadas, pues el santo era invocado por los guerreros en su lucha contra los musulmanes para recuperar Tierra Santa.

El hecho de que Sant Jordi sea el patrón de los caballeros se debe a la ayuda que dio el santo al Rey Pere I en el año 1094, cuando éste ganó una batalla contra los sarracenos después de que hubiera invocado al santo. Como muestra de agradecimiento lo nombró patrón de la caballería y también de la nobleza catalana.

A partir del siglo XIII, los reyes catalanes le mostraron gran devoción. En el año 1202, Pere el Católico autorizó la creación de la Orden de Sant Jordi de Alfama, que veneraba Sant Jordi y lucían su bandera en Cataluña y Europa.

En el siglo XV ya se celebraba la fiesta de Sant Jordi en el Palau de la Generalitat coincidiendo con la feria de las rosas que se hacía en el patio.

Sant Jordi es patrón de Catalunya desde principios del siglo XIX.

La leyenda

La leyenda por la cual Sant Jordi es más conocido es la del caballero que mata al dragón para salvar a una doncella. Joan Amades, recoge en el Costumari Català esta versión:

Sant Jordi, caballero y mártir, es el héroe de una gran hazaña caballeresca, que la voz popular universal sitúa en las tierras alejadas y legendarias de la Capadocia, pero que la tradición catalana cree ocurrida en los alrededores de la villa de Montblanc. Dicen que asolaba los alrededores de Montblanc un monstruo feroz y terrible, que poseía a las facultades de andar, volar y nadar, y tenía el aliento maloliente, hasta el punto que desde muy lejos con sus alentadas envenenaba el aire, y producía la muerte de todos los que lo respiraban. Era el estrago de las manadas y de las gentes; y por toda aquella región reinaba el terror más profundo. Las gentes pensaron darle cada día una persona que le servía de presa, y así no haría estrago a diestro y siniestro. Ensayaron el sistema y dio buen resultado; el caso difícil fue encontrar quien se sintiera lo suficientemente aburrido para dejarse comer voluntariamente por el monstruo feroz, y todo el vecindario concluyó hacer cada día un sorteo de todos los vecinos de la villa y que aquél que destinara la suerte sería entregado a la fiera. Y así se hizo durante mucho tiempo, y la fiera se debió sentir satisfecha, ya que dejó de hacer los estragos y maldades que había hecho antes.

Y he aquí que un día quiso la suerte que fuera la hija del rey la destinada a ser pan del monstruo. La princesa era joven, gentil y gallarda como ninguna otra y daba mucha pena tener que darla a la fiera. Ciudadanos hubo que se ofrecieron a sustituirla, pero el rey fue severo e inexorable, y con el corazón lleno de tristeza, dijo que tanto era su hija como la de cualquiera de sus súbditos y se avino que fuera sacrificada. La doncella salió de la ciudad y ella solita se encaminó hacia la guarida de la fiera, mientras todo el vecindario, desconsolado y alicaído, miraba desde la muralla como se iba al sacrificio. Pero fue el caso que, cuando estuvo un poco mas allá de la muralla, se le presentó un joven caballero, cabalgado en un caballo blanco, y con una armadura muy dorada y reluciente. La doncella, horrorizada, le dijo que huyera deprisa, ya que por allí rondaba una fiera que en cuanto lo viera le haria pedazos. El caballero le dijo que no temiera, que no les pasaría nada, ni a él ni a ella, puesto que él había ido expresamente para combatir el monstruo, para matarlo y liberar del sacrificio a la princesa, como también la ciudad de Montblanc del flagelo que representaba para la vecindad aquel monstruo. Y en éstas, la fiera se presentó, con gran horror para la doncella y con gran gozo del caballero, que la acometió y de una lanzada la malhirió. El caballero, que era Sant Jordi, ató la bestia por el cuello y la dio a la doncella para que ella misma la llevara a la ciudad, y el monstruo siguió dócil y temoroso. Todo el pueblo de Montblanc, que había presenciado la pelea desde las murallas, ya esperaba con los brazos abiertos la doncella y el caballero, y en medio de la plaza se desató su odio contra la fiera, de la cual pronto no quedó añico.

El rey quería casar a su hija con el forzudo caballero, pero Sant Jordi replicó que no la merecía; dijo que había tenido una revelación divina sobre la necesidad urgente de ir a combatir el dragón feroz y liberar la doncella, y con ella la ciudad de Montblanc, y así lo había hecho, con la protección divina y por mandamiento divino; por lo tanto, él no había hecho nada por él mismo y no merecía ningún premio. Recomendó al rey y a sus vasallos que fueran buenos cristianos y a los cuales honraran y veneraran a Dios tal como merecía y desapareció misteriosamente como había aparecido.

La tradición: Por Sant Jordi, una rosa y un libro

Sant Jordi es el patrón de los enamorados en Catalunya en recuerdo a la gesta del santo al salvar a la princesa del dragón. La tradición de regalar una rosa a la chica que se ama parece que se remonta al siglo XV con la ‘Feria de los Enamorados’ que se celebraba en Barcelona. El que si es cierto es que en este mismo siglo, se regalaba una rosa a todas las chicas que asistían a la misa que se celebraba en la capilla dedicada a Sant Jordi en el Palau de la Generalitat.

Otras dicen que para celebrar la festividad del Santo, en Barcelona, la nobleza celebraba en el Born, torneos, justas y otros juegos de armas, donde las damas eran obsequiadas con rosas y flores. La costumbre de obsequiar a la amada con una rosa fue extendiéndose hasta llegar a ser como lo que conocemos en la actualidad.

Por otra parte el 23 de abril coincide con la fiesta del ‘Día del Libro’. Esta fiesta empezó a celebrarse el 7 de octubre de 1926, a instancias del escritor y editor valenciano afincado en Barcelona Vicent Clavel Andrés, que lo propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona, para conmemorar el nacimiento de Cervantes. El presidente del gobierno español, Primo de Rivera, lo aceptó y el Rey Alfons XIII firmó el decreto instituyendo la ‘Fiesta del Libro Español’. En el año 1930 se trasladó al día 23 de abril, fecha de la muerte de Cervantes. En 1995, la Unesco declaró esta fecha, en que también murieron William Shakespeare y Josep Pla, ‘Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor’.

Girona, como toda Catalunya, el 23 de abril llena de rosas y libros la Rambla y la Plaza Catalunya.

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